Archive for March, 2009
Otras mezclas calentitas
Otras mezclas calentitas y muy saludables con té negro son, por ejemplo:
Añadiendo al té negro una pizca de jengibre molido: es un antibacteriano estupendo, y además le dará mucha fuerza a la infusión resultante.
Añadiendo al té negro unas hojas de boldo: le dará un sabor muy especial y es un excelente digestivo, muy beneficioso para el hígado.
Añadiendo al té negro un poco de zumo de naranja, le daremos un toque distinto al tradicional té con limón, y además nos aportará la vitamina C de la naranja.
Añadiendo al té negro un poco de cacao desgrasado en polvo, le aportará intensidad y sabor, además de ser un excelente vigorizante.
Y si a esta última mezcla le añades un poco de coco rallado, le darás un toque de dulzor único.
Además, cualquiera de estas mezclas se puede disfrutar sola, o bien endulzada con miel, con azúcar, o con edulcorante.
Té negro caliente con frutas y especias
Para despedirnos del invierno, que se fue hace unos días, recomiendo un par de mezclas de té negro para tomar calentitas.
Una mezcla deliciosa para tomar caliente y sin leche, es: añadir unos pedacitos de manzana y una pizca de canela al té negro para que tras la infusión tengamos una mezcla dulce y entrañable, que nos va a recordar las navidades pasadas.
Otra, ésta con leche, es para hacernos nuestro propio pakistaní: el dueño de un local árabe en Pamplona me dio su receta de té pakistaní, y desde entonces siempre que puedo tengo cardamomo en casa, para añadir al té negro, además de un clavo de olor y una pizca de canela. Todo ello se infusiona en leche, y con un poco de azúcar (o sin él), consigo una mezcla deliciosa y reconfortante. Me recuerda las tardes que pasaba con una amiga tomándolo allí en el local, sobre todo los domingos. El cardamomo lo podéis encontrar en tiendas de nutrición y herbolarios, porque no suelen venderlo en las grandes superficies. Y clavo y canela, cualquiera los puede tener en casa a nada que sea mínimamente amante de las especias.
Arroz al té verde
Para guarnición, para comer sólo o con otros platos, el arroz se cuece exactamente igual que si hiciésemos arroz blanco, sólo que el caldo que usaremos para cocerlo se hace así:
Sin que el agua hierva, añadimos tres cucharadas de té verde, y dejamos en infusión. Lo ideal en este caso es que el agua llegue a unos 95 ºC. Se retiran entonces las hojas y se añade este agua al arroz cuando comience a hervir, cocindo de forma normal, sazonado al gusto con sal y un poco de aceite.
El té Oolong
O Wulong, fue llamado así por su creador, Wu Liang, un cultivador y recolector de té chino. La historia cuenta que un dia Wu Liang salió a la recolección del té y después de obtener una buena cantidad paró un momento. Vió unos ciervos al otro lado del río y pensó que de paso que llevaba el té a casa si llevaba un ciervo además tendría carne para comer.
Al llegar a casa con el ciervo, su preparación le distrajo de su carga de té, y cuando se dio cuenta, no las había sacado del saco y no las había puesto a secar. Las hojas habían cambiado de color, y aunque esto le preocupó bastante siguió con el trabajo de secado exactamente igual que siempre para no estropear la cosecha.
Una vez que terminó el proceso, se preparó una taza, no muy convencido del resultado que daría su descuido. Resultó ser una infusión de aroma más acentuado y a pesar del sabor fuerte, era suave.
Preparó más infusión a sus vecinos para ver qué opinión les daba, y al ver que el nuevo tipo de té gustaba, les enseñó como prepararlo. Poco después, el té de Wu Liang fue conocido en toda la provincia, y con el tiempo se le conoce como Wu Long u Oolong, que significa Dragón Negro.
Historia breve del té
Por lo que sabemos el té es originario de China y su consumo se remonta al III milenio a. J.C., En sus orígenes, en China, fue considerado una bebida que aportaba múltiples propiedades beneficiosas para la salud, atribuyéndosele una gran gama de efectos medicinales.
Es por ello, que rápidamente fue asimilada en los altos círculos cortesanos chinos y pronto su comercio pasará a ser monopolio imperial y, según relatan algunos investigadores, llegó a ser tan apreciado que se le utilizó como moneda de pago de impuestos y tributos a aquella corte.
En principio sufre un cierto rechazo por parte de los europeos, reacios a lo desconocido y acostumbrados a otras bebidas como el café, el té se introducirá paulatinamente entre las preferencias de algunos sectores de la sociedad de la época. Podemos datar en los primeros años del s. XVIII el comienzo de la expansión de su consumo en Europa, llegando a convertirse, también aquí, en un ritual de uso de la buena mesa y de la buena sociedad.
Desde China la planta pasará a Japón donde pronto se convertirá en parte del espíritu y de la filosofía de vida del pueblo nipón que desarrolló, en torno a él, una muy especial ceremonia “Cha-no-yu” que une al anfitrión y al invitado en una armonía espiritual. Esta magnífica bebida llegará a Europa a principios del s. XVII. No está claro si de la mano de navegantes holandeses o portugueses ya que ambos países comerciaban en los mares de China.
No será sino hasta el s. XIX que se comience con el cultivo del té en Ceilán e India para cubrir las exportaciones hacia Europa, ya que la planta es únicamente originaria de China y sólo existía, hasta entonces, de manera salvaje en la región de Assam. A partir de este momento su plantación se extiende a diferentes regiones del mundo y su consumo se generaliza.
Algunas variedades de té negro son:
Té negro Ceylán: Es un té negro fermentado, cultivado en Sri Lanka, de aroma perfumado, infusión color ámbar, y de sabor suave. Es el más conocido de los tés negros y el más consumido en nuestro país.
Té Keemun: Cultivado en la provincia china de Anhui, caracterizado por un color especialmente oscuro en sus hojas y el color anaranjado de la infusión. De aroma floral y sabor intenso.