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Té de Kombucha

Un amigo me preguntó hace un par de semanas por el té de Kombucha. Y la verdad es que con todas las variedades que existen, no sabía qué contarle, hasta que leí un artículo que hablaba de esta maravillosa combinación. El té se asocia con un hongo, el “kombucha” que es en realidad la simbiosis de tres microorganismos: la bacteria del ácido acético y dos levaduras especiales: la Zigosaccharomyces rouxii y la Candida sp. Éstas viven en una solución nutriente de té azucarado (vale cualquier té ya sea blanco, rojo, negro o verde) en la que se multiplican constantemente. El cultivo sintetiza en un hongo gelatinoso flotante que después de varios días comienza a engrosarse.

Aproximadamente en el año 230 a.C. Cuando lo introdujo el doctor Kombus en Japón, por entonces ya se le consideraba el elixir de la vida eterna.

Se han hecho estudios que prueban que personas conviviendo en una zona de alta contaminación y consumiendo los mismos alimentos que personas que conviven en ambientes rurales más limpios viven más y mejor que estos últimos gracias al consumo regular de té de kombucha.

Fueron los rusos los que han popularizado mucho el consumo de este té en los últimos tiempos debido a sus propiedades, que son muchas:

100 ml. de kombucha correctamente fermentado contiene entre otros componentes vitaminas B1, B2, B3, B6, B12 y B15, minerales, enzimas benéficas antibióticas y aminoácidos esenciales, y vitamina C.

El tomarlo produce sensación de bienestar, vitalidad y además regula el intestino y tiene efectos depurativos. Para los afectados bueno señalar que alivia las hemorroides, controla el reumatismo y elimina los dolores en huesos y articulaciones. Y no sólo eso, sino que regenera las paredes celulares, pudiendo curar la arteriosclerosis y estabilizar la presión arterial. Regula el nivel de colesterol y elimina la gota, e incluso combate las enfermedades seniles, se cree que es capaz de prolongar la vida.

También tiene efectos beneficiosos sobre el cutis, las uñas y el cabello, y es efectivo contra los eczemas y las soriasis.

Tantas propiedades se deben por lo que indican los estudios en el contenido de este té en ácido glucurónico, que se produce aunque en pequeñas cantidades en nuestro hígado cuando está sano, enlaza toda clase de toxinas y ayuda a depurarlas y a evitar que sean reabsorbidas por el intestino.

Para que luego digan que esto no es todo un mundo…

El té amarillo

El té amarillo sí constituye una familia de tés, una familia pequeña. Sus características fluctúan entre las propias de un té blanco y uno verde. En el proceso de elaboración es sujeto primero a una fijación. Luego, protegido, sigue una fase de reposo durante la cual se desarrolla una ligera fermentación no enzimática –de ligera intensidad y duración más breve que la del té negro. Siguen las etapas de enrollado y, en fin, de secado.

Es un té de producción minoritaria. Uno de los más célebres se produce exclusivamente en la provincia Hunan, zona montañosa del nordeste de China: el Jun Shan Yin Zhen.

Posee un cuerpo definido y bastante singular que puede llegar a ser un poco agrio. De fresca fragancia, deja la boca limpia y seca. Al beberlo, su sabor entre dulce y amargo, queda instalado en la punta de la lengua.

Variantes: Chun Shan Yin Chin, Jun Shan Yin Zhen, Mao Chien, Huang

  • Ayuda a aumentar la capacidad de concentración

  • Por su alto contenido en flúor protege contra la caries.

  • Es vigorizante.

  • Ayuda en el proceso digestivo.

  • Se puede tomar frío, en verano, o caliente, en invierno.

  • Nos aporta manganeso, calcio, hierro y fósforo, entre otros minerales.

  • Ayuda a la pérdida de peso.

  • Estimula la diuresis (evitando la retención de líquidos)

  • Ayuda en los problemas de visión.

  • Al ser antioxidante nos ayuda a mantenernos jóvenes por más tiempo.

  • Es un buen aliado de nuestra salud.

Yerba mate

la yerba mate o Ilex paraguariensis es una planta a base de la cual se hace una infusión deliciosa y estimulante que se bebe principalmente en Argentina, Brasil, Chile y Paraguay.

Se puede tomar sólo o bien preparado en deliciosos batidos fríos llamados tereré.

Para tomarlo a la manera tradicional necesitaremos una cazoleta que originalmente se realizaba de calabaza curada, o con un cuenco de madera o cerámica, que fuera del tamaño idóneo para que quepa en la mano de una persona.

El sabor es amargo, muchos me llamarían hereje pero a mi me encanta con azúcar.

Para preparar el mate tradicional en cinco pasos:

  1. En primer lugar, calentar el agua hasta entre 80º C y 95º C, que se usará para tomar mate. Jamás dejar que hierva el agua, porque se quemará la yerba y perderá rápidamente su sabor (y uno se quemará los labios, la lengua y el paladar).
  2. Colocar en el recipiente (mate), la yerba a ser consumida hasta una altura que sobre cuando menos un centímetro de espacio entre la yerba y el borde del mate;
    Tapar con la mano la boca del mate y sacudir el mismo, agitándolo rítmicamente en movimientos cortos con fuerza; para que se distribuyan bien los grosores de la yerba, como así también que quede levemente inclinada hacia un lado, y comenzar a servir el agua en ese lado, sobre uno de los bordes del mate.
  3. Iniciar con agua tibia el mate, calentando y mojando la yerba; esta agua tibia se colocará en chorritos breves, a intervalos, y sin mojar toda la yerba, sólo el “hoyo” donde vamos a incluir luego la bombilla.
  4. Se coloca la bombilla en la hoquedad y se ceba el agua siempre en la hoquedad, nunca llenando la totalidad del recipiente, sin mojar toda la yerba, y sin que ésta quede “flotando” (no es una sopa, ni un té).
  5. Cebar en ronda convidando como símbolo de cordialidad, y degustar amistosamente.

Gracias a El Mundo del Té por los cinco pasos de preparación, yo no lo habría explicado mejor.

¡Y una para la tetera!

Y una para la tetera. Yo siempre había escuchado que siempre que poníamos cucharadas de té para varias tazas en una tetera, siempre se echaba una por taza, “más una para la tetera”. Pero nunca entendí el porqué, y es bien simple: cuando usamos la medida para la taza, siempre son aproximadamente dos gramos (una cucharada de postre). Pero entre que la cantidad de agua también es aproximada y que no pesamos los dos gramos exactos con cada cucharada, para evitar que la infusión resultante quede muy clara, se añade una cucharada que siempre se ha dicho como la de la tetera.

La mejor tetera para el mejor té

Tan importante como el agua, la temperatura del agua, la conservación del té y la calidad de éste es la tetera que usemos para cada té.

Los materiales no porosos como el cristal son los ideales ya que no absorben ni despiden ningún aroma, por lo que son las más útiles si solemos variar de té. Los cambios en la tetera vienen cuando queremos por ejemplo, tomar un té rojo. ¿Qué material sería el adecuado? Se recomiendan las teteras de terracota, preparándolas antes, es decir, según hemos comprado la tetera, se llena de agua hirviendo y se vacía cuando haya enfriado. Y una vez realizada esta operación, al utilizarla por primera vez hay que recordar que por la porosidad del barro, quedará el aroma del té que utilicemos impregnado en ella. Además, por la peculiaridad del sabor del té rojo, el aroma que desprende también la terracota potenciará el sabor terroso del té.

También hay que tener en cuenta que la temperatura que alcance el material debe ser la adecuada: por ejemplo, nunca usaríamos una tetera de hierro japonesa para hacer té verde, como tampoco son prácticas las teteras morunas de metal, debido a que este material conserva mucho el calor y para el té verde la temperatura del agua debe ser baja. En cambio, las infusiones y el té negro, por ejemplo, necesitan el agua a 95ºC.

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